No puedo escribir porque siento que no tengo nada para
decir.
No soy interesante, no pretendo serlo. No me sale ser
elegante ni metafórica. Soy intimidantemente franca, lamentablemente. Tengo una
imagen. Estoy sentada con un sombrero amarillo en mi cabeza. Es el sombrero más
feo que vi en mi vida, imagine en este caso. Trato de vaciar la imagen y logro
desaparecer pero ese sombrero queda flotando. Silencio. Un poquito más de
silecion. Me gustan los errores y me erotiza lo desmedido. Es porque me gusta
tanto observar a los otros que me quedo sin que decir. Sin pensamiento propio.
Todos mis pensamientos son meras provocaciones ajenas. Soy tan inútil que ni
siquiera me autoprovoco. Pausa. Necesito una pausa para re direccionarme, me
estoy mecanizando. Esta postura me queda cómoda, por eso es que se está
debilitando.
Hice una pausa porque me distrajo algo que me prometía que
iba a suceder un algo importante. No me sucedió nada más que la angustia de
haber pensado que algo importante iba a suceder y terminó no sucediendo.
Escucho como gira el lavarropas. Lleva y trae la mugre de un
lado para el otro. Cada tanto frena.
Freno: me estoy mimetizando con el lavarropas. Soy tan poco vital que
hasta copio su mecanismo. Ahora va a cambiar el agua sucia para enjuagar, puede
que si me mantengo moviendo la mugre en algún momento tenga un pensamiento
ingenioso, al menos fresco. No me quiero volver a ilusionar con algo
interesante. No puedo hacer ni lo que tanto me mostraron cómo se hace. Entonces
termino no haciendo nada. Eso será lo que le pasa a tanta gente que no hace
nada? No me hace sentir mejor saber que es un sentimiento compartido. Que
tristeza. El mundo funciona así: un humano tiene una flor y yo la miro por mi
ventana. Entonces cuando llega el otro ser humano a mi casa le digo: me acabo
de dar cuenta que todo lo que estuve queriendo este tiempo que no sabía que quería
era esto: UNA FLOR. Entonces él me mira asombrado, con ojos de quien descubrió aquello
que tanto le fue guardado y me responde: Es todo lo que estamos necesitando. Trabajamos
muy duro. Consultamos con otros miles de
humanos de cómo tener la mejor flor, de la mejor manera posible, todo nuestro
transcurrir se basa en esa flor y en ese sentimiento que tapamos con la tierra con
la que plantamos esa florcita. Ese sentimiento franco y tremendo de saber que
no nos sabíamos y nos apropiamos de un algo ajeno por no esperar que el
lavarropas termine de cambiar el agua.