lunes, 21 de enero de 2013

Ejercicio para una clown.



Meter el corazón y la cabeza en el lavarropas. Lo hubiera hecho. De haber podido lo hubiera hecho.
Una vez escuche de una mujer que metió la cabeza en el microondas. Se murió, la mujer se murió.
Después actué en una obra donde “mi madre” metía la cabeza en el frízer de la heladera. Te vas a electrocutar, le decía mi personaje de hija. Es que me duele, me contestaba la actriz madre.
Es que me duele.


Si metiera el corazón en el lavarropas saldría limpito?
Después hay gente muy adaptada al sistema que toma tanto al punto de meter la cabeza en el inodoro tratando de vomitar, según explicarían después sobrios. Eso no es cosa de borracho, es cosa de subnormal: Hasta el borracho sabe que se puede morir ahogado: Tiene cautela.
Debe ser ese el único motivo por el que no meto el corazón al lavarropas. No es que tenga miedo de morir. Eso sería lo menos grave, morir. Pero puede arruinarlo aun más. Sí, siempre se puede- existe el peor de “lo peor”.


La cabeza no sería problema. Ya esta arruinada. El lavarropas lo único que haría es: refrescarla.
Por eso tengo que dejar el corazón en un balde con agua. Con jabón de ropa delicada. Sólo lo frágil.
No me confundan con la idea “eterno resplandor de una mente brillante”. A mí no me interesa hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. Si no que sentido hubiera tenido vivirlo?. Lo que quiero es un trampolín que me lleve de vuelta a la cima de mis emociones y no a lo bajo del desamor.


Es así; el síntoma de haber sanado un desamor es encontrarse dando consejos de amor. De otra manera uno no sabría qué decir. Tan solo el silencio del no saber, de la no regla, la no salida. Por eso es que yo creo que cuando “ya no hay mas nada que decir” todavía se está amando. Si no uno diría algo así como: ya no te quiero. Igual no entendería esa frase, como es no querer cuando se quiso? Querer es algo así como ir de cuerpo, absolutamente biológico. Te sucede, todos los días, un poco más, un poco menos pero es algo que sucede. Distinto sería el deseo. Ahí podría ser… entonces lo que uno tendría que decir es: ya no te deseo. Pero cuidado, si se acota con él “pero siempre te voy a querer porque leí que es algo que te sucede” entonces podríamos confundir. Peor todavía, lastimar. Bueno tampoco que uno saco un cuchillo y se lo clavo. Entonces no sería lastimar, sería como algo que no se qué nombre ponerle.


Bueno basta de divagar. Se supone que tengo que ser clara, nítida, precisa, consistente, trascendente, transparente, transgresora, tras tras... me quedo sin tras “relevantes”. Esta sucesión de palabras puede servir para un espectáculo de clown. Ejemplo: Una clown intenta ser todo lo que ve que son las clowns respetadas, así la respetarían, seria importante, seria metafísica. Nota de margen: no se da cuenta que por mirar a los otros se está faltando el respeto. Y ya sabemos lo que dicen las reglas socionombreinteresante: empieza por respetarte a ti mismo. Pobre diabla, si no maneja los conceptos básicos de la socioretrete, no va a llegar a ningún lado. Pero ya va a encontrar consuelo cuando la inviten a un encuentro de humanos que tampoco llegaron a ningún lado y que está bien de pronto morir así insignificantemente. Que haber existido haya significado nada. En la medida que ella se signifique, no?.



Bueno, este universo oscuro y existencialista del clown me está dejando al borde del silencio y se supone que tengo que seguir escribiendo. Cuanta presión, digo… esto de no olvidarse de vivir. De repente se me olvida y cuando me doy cuenta lo único que estoy haciendo es: habitar. Y a veces sucede que para seguir habitando, uno necesita darle una enjuagadita al corazón y a la cabeza también.

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